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Los amargos caramelos de Gonzalez-Torres: el artista que batalló contra el estigma del sida

27/05/2026 | Cultura

Los amargos caramelos de Gonzalez-Torres: el artista que batalló contra el estigma del sida
El Museo Reina Sofía acoge la primera exposición a gran escala en Madrid del artista de origen cubano.

Suprimir lingüísticamente de su nombre y primer apellido los acentos –y por tanto el único residuo fonético que le conectaba con sus orígenes latinos– no fue una imposición, sino un ejercicio de voluntad política y creativa. En los años noventa, el artista Felix Gonzalez-Torres decidió eliminar deliberadamente estos relieves silábicos para, en palabras de la comisaria Nancy Spector, "continuar con esa línea de supresión de las barreras identitarias y culturales atribuidas que mantuvo a lo largo de toda su obra y abrazar un multiculturalismo tan presente a finales de la década de los ochenta".

Nacido en la ciudad cubana de Guáimaro en el 57 y tempranamente trasladado junto con su hermana a Madrid en una estancia breve antes de establecerse en Puerto Rico con familiares y más tarde fijar su residencia definitiva en Nueva York (ciudad en la que desarrolló gran parte de su producción artística), la supuesta "americanización" estratégica de Gonzalez-Torres ha sido señalada en determinadas ocasiones por parte de la crítica a pesar de que algunos niegan que esta decisión estuviera impulsada por el propio creador. "Yo también quiero ser un espía. Quiero ser el que se parece a otra cosa", declaró en una entrevista.

En cualquier caso y con independencia de que tuviera una conciencia clara sobre el eurocentrismo que reinaba en los circuitos artísticos neoyorquinos ochenteros y los destellos de hispanidad acomplejada que puedan o no salpicar la vertebración de su arte, este forastero permanente, alterador del lenguaje, sensible cuestionador de significados, observador acelerado de la transitoriedad del tiempo, murió con 38 años como consecuencia del sida –igual que su pareja Ross Laycock, receptor íntimo de gran parte de su inspiración como artista– antes de convertirse en una de las voces más consideradas dentro del panorama contemporáneo. Ahora, el Museo Reina Sofía "salda su deuda" con la capital madrileña tal y como explicaba ayer el director de la institución, Manuel Segade y acoge por primera vez una muestra a gran escala con algunas de las instalaciones más representativas y reconocibles de Gonzalez-Torres que podrá disfrutarse en la Planta 1 del Edificio Sabatini hasta el 12 de octubre.

Sin desesperación
La dimensión política y emocional impregna la práctica totalidad de la producción exhibida dotando al título de la exposición de un paradójico sentido metafórico. "Dulce venganza" opera conceptualmente como una herramienta para entender el poderoso uso de la contradicción, matizada y táctica, en su obra. Como estrategia artística, el nombre utiliza la belleza como una forma de contestación que oscila entre la celebración, la crítica y la resistencia. En pleno auge de la pandemia del sida, como hombre gay seropositivo –etiqueta social que a pesar de atravesar inevitablemente su ejercicio de creación nunca quiso utilizar de manera clasificatoria y limitante para definir su trabajo– el artista impregnó sus esculturas y fotografías, a menudo elegíacas, de un sentimiento de pérdida, mientras, simultáneamente, representaba experiencias de amor y resiliencia. "Sin embargo nunca se abandona a la desesperación", añade la comisaria.

Al reimaginar los lenguajes visuales del "arte povera", el conceptualismo y el minimalismo como inestables, participativos y personales, su obra transforma formas estéticas en contenedores cargados de urgencia emocional y política. De esta forma, encontramos la esencia de su generosidad en sus famosas obras de caramelos que los visitantes pueden llevarse consigo y que pueden ser repuestas infinitamente, así como en las guirnaldas de luces maleables, los retratos escritos, los papeles y las vallas publicitarias. Esta es una obra que da pero también espera. (La Razón, 2026-05-27)
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