LosHechos

Noticias actualizadas, análisis profundos y la verdad de los hechos.

Ver las últimas noticias

Principales categorías

Internacional
Internacional

Últimas noticias del mundo, análisis profundos y actualizaciones constantes.

Ver Más
Economia
Economía

Cobertura económica confiable para que sigas los mercados y tendencias.

Ver Más
Tecnología
Tecnología

Innovaciones, gadgets y análisis del universo tecnológico.

Ver Más

Sobre LosHechos

LosHechos es su portal de noticias confiable, ofreciendo información actualizada, análisis profundos y reportajes de calidad. Nuestro objetivo es proporcionar contenido imparcial y relevante para lectores exigentes.

Saiba Mais
Menú

La caída en picado de la clase media en España que no aparece en las estadísticas: ya no hay viviendas ni coches nuevos para el trabajador corriente

21/08/2026 | Economía

La caída en picado de la clase media en España que no aparece en las estadísticas: ya no hay viviendas ni coches nuevos para el trabajador corriente
*El precio de la vivienda ha subido varias veces más rápido que los salaries.

*Casi todos los coches de primera mano resultan prácticamente inaccasibles.

*Mientras que la sanidad y la eduación se han deteriorado y masificado.


Las estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y otros organismos muestran que la clase media está menguando lentamente en España y prácticamente en todos los países desarrollados. Sin embargo, esas estadísticas quizá se están quedando muy cortas por su propia metodología. La OCDE define la clase media como los hogares con un ingreso disponible de entre el 75% y el 200% (dos veces) del ingreso familiar mediano nacional. Está muy bien la metodología, pero esos ratios no tienen en cuenta una sensación que, probablemente, tiene cada vez más gente y que durante décadas ha definido de verdad lo que es la clase media. Aunque la estadística te incluya en la clase media, comprar una vivienda, un coche, especialmente nuevo, y tener acceso a una educación y sanidad de calidad ya no está al alcance de buena parte de la clase media descrita anteriormente. Si esos bienes y servicios ya no son accesibles para muchos, quizá la realidad (fuera de la estadística) sea mucho más cruda y dura de lo que dicen los números de la OCDE.

El último informe disponible de la OCDE destacaba que la clase media había caído desde el 64% al 61% entre mediados de la década de 1980 y 2020. El documento explicaba que el grupo de ingresos medios se ha reducido con cada generación sucesiva: el 70% de los baby boomers (nacidos esencialmente en los 50 y los 60) formaban parte de la clase media en su veintena, en comparación con el 60% de los millennials (nacidos en los 80 y comienzos de los 90). La generación del baby boom disfrutó de empleos más estables durante su vida laboral que las generaciones más jóvenes, rezaba el informe. Sin embargo, el descenso no parece excesivamente alarmante.

En el caso de España, los últimos datos disponibles (calculados por CaixaBank Research a partir de datos de ingresos de los hogares del INE) revelan algo incluso más llamativo. La clase media (siempre según la estadística) ha aumentado un 'poquito'. La clase media parece haber crecido levemente como porcentaje de la población total de España, según los últimos datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística. El 61,5% de los hogares pertenecían a la clase media en el año 2023, 0,4 puntos porcentuales más que el año anterior.

Al igual que sucede con el PIB (ese indicador imperfecto del desarrollo económico), estos ratios parecen imperfectos para analizar la evolución de la clase media, puesto que utilizan los ingresos disponibles (después de impuestos) de los hogares en términos nominales, es decir, no calculan el poder adquisitivo de esos ingresos y mucho menos la evolución de activos como la vivienda o la evolución de la calidad de servicios como la sanidad o la educación. De poco vale tener unos ingresos de 40.000 euros anuales si una vivienda vale 400.000 euros, un coche nuevo 50.000 y la educación y la sanidad pública son precarias y sus alternativas privadas excesivamente caras. Este artículo no pretende ser un análisis académico ni demostrar de forma matemática que la clase media está desapareciendo, simplemente pretende ser el altavoz de una sensación creciente en la calle: la clase media ya no es clase media.

Las heridas de la Gran Crisis se lo pusieron bastante más difícil a casi todo el mundo, especialmente en una España que tocó fondo y en la que el desempleo llegó a acercarse al 30%. Asimismo, ser joven y poder acceder a una vivienda en propiedad hace décadas que es una quimera en España. Sin embargo, ha sido precisamente cuando el crecimiento ha regresado a la economía española cuando la sensación de impotencia se ha hecho más fuerte entre esta teórica clase media. Este sentimiento se ha exacerbado en el 'nuevo mundo' posterior a la pandemia. La economía y los salarios nominales (los reales son otra historia) crecen, pero el precio de la vivienda (o el de los coches) lo hace mucho más rápido.

Ni vivienda...
Los ejemplos abundan, pero es obligado empezar por la vivienda. La España de propietarios, 'cultura' heredada del franquismo, pasaba por el axioma de que el funcionamiento del ascensor social acarreaba poder tener una casa propia cuando a uno aún le quedaba recorrido laboral. Una estampa típica de la clase media era comprarse un piso de obra nueva en una gran ciudad o cerca. Esto último se ha convertido ya en algo solo posible para alguien con la vida muy resuelta y patrimonio previo, con permiso de grandes fortunas o capital extranjero.

Un dato revoletea desde hace tiempo en la prensa económica y en el debate en redes sociales. Según el Banco de España, comprar una vivienda media requiere que un hogar destine casi ocho años de ingresos íntegros a esa adquisición, cuando hace una década eran 6,64 años. En junio de 1987, esa familia habría dedicado algo menos de tres años (2,99 años) de su renta a financiar su casa. En algunas zonas con mucha demanda, sin embargo, el dinero necesario es incluso mayor: el Grupo ST (Sociedad de Tasación), que realiza un cálculo propio desagregado por comunidades autónomas, estima que en Madrid se necesitan más de diez años de ingresos y que en Baleares se superan los 20 años.

La comparativa temporal vuelve a evidenciar la oscuridad del presente si se tira de otros datos. La tasa de propiedad de vivienda en el grupo de edad entre los 16 y los 29 años se ha desplomado del 58% de 2007, justo antes de la Gran Crisis, hasta el 30,6% en 2025, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). En el segmento de edad entre los 30 y los 44 años, esa tasa ha caído del 74,3% en 2007 al 53,1% en 2025. En las edades superiores, el descenso ha sido mucho más limitado: del 86,6% en 2005 hasta el 75% en 2025 para el grupo de edad comprendido entre los 45 y los 64 años y del pico del 89,8% en 2011 al 88,2% el año pasado para los mayores de 65. Por el hueco de esa brecha generacional ha caído la mayor aspiración de la clase media: tener esa casa propia.

Si directamente se habla de vivienda nueva, las cifras 'enloquecen'. En el segundo trimestre, el metro cuadrado de este tipo de inmuebles en España alcanzó los 3.458 euros/m2, marcando un nuevo máximo histórico, según los números del Grupo ST. En estos momentos, una vivienda a estrenar de 90 m2 tiene un precio medio en España de 311.220 euros, más de diez veces el salario medio bruto español (29.540,26 euros al año) y más de 12 veces el mediano (24.497,17 euros). Si se centra el foco en el caso de Madrid capital, donde tanta eventual clase media trabaja y no tanta puede vivir, el precio medio de la vivienda nueva ascendió en el segundo trimestre a los 6.807 euros por m2, dejando ese 'soñado' piso de 90 m2 en unos 612.630 euros (20 veces el salario medio y 25 veces el salario mediano). Atendiendo a los criterios hipotecarios de los bancos, habría que acudir a la sucursal con más de 200.000 euros en la mano para la entrada y los impuestos. Aunque se ponga el foco en la capital de España, en el resto de ciudades del país la estampa es parecida. El eco llega también del resto de países desarrollados, donde la situación no es muy diferente.


... ni coche nuevo
Después del piso, el coche. Igual que la vida en las grandes ciudades dificulta cada vez más el uso del automóvil, para muchos sigue siendo la última alternativa, más cuando un número cada vez mayor de trabajadores ha sido expulsado de las grandes urbes por los precios de la vivienda y se han tenido que ir a la periferia o más lejos aún. Si la vivienda ha tenido su 'tormenta perfecta' con escasez de financiación y mano de obra, encarecimiento de materiales, límites regulatorios, el sector de la automoción también ha tenido sus cuellos de botella (escasez de chips, regulaciones europeas, transición climática), multiplicando el precio de unos vehículos nuevos que durante décadas eran el verdadero 'bautismo' de la clase media aspiracional española.

En los últimos días se ha hecho viral en X (antes Twitter) la experiencia de un usuario español que acudió a un concesionario de Volkswagen a preguntar por un Golf nuevo y se encontró con un presupuesto de 52.000 euros que encendió los ánimos en la red social, más cuando algún nostálgico lo convirtió a las antiguas pesetas: más de ocho millones de las mismas. El precio medio de un coche nuevo en España se situó en 43.477 euros a comienzos del tercer trimestre, según los últimos datos del Barómetro VN de Coches.com, compañía de Santander Consumer Bank España, y Ganvam.

Lo que ocurre en España encuentra una similitud muy ilustrativa en la meca europea del automóvil: Alemania. Un completo reportaje de Bloomberg publicado hace unos meses revelaba que un coche nuevo ahora cuesta el equivalente a unas 43 semanas de salario para un alemán medio, en comparación con las 32 de 1995. Los autores certificaban en el texto la 'muerte' del coche nuevo 'asequible'. Lo cierto es que, en los últimos años, los precios de los modelos nuevos han subido más rápido que los salarios, sumándose al aumento del coste de vida en todo, desde la vivienda hasta la alimentación y la energía. Esta situación ha reducido el poder adquisitivo y ha hecho que los vehículos nuevos sean inaccesibles para la clase media.

Los nuevos coches eléctricos -pilar de la estrategia climática de la Unión Europea- resultan demasiado caros para la mayoría de los compradores. A medida que los fabricantes de automóviles se retiran del segmento de bajo coste, estas tendencias acentúan la sensación de exclusión de las familias trabajadoras y representan una ruptura con la época en que, siguiendo con Alemania, el Volkswagen, o 'coche del pueblo', era motivo de orgullo nacional. Como señalan expertos en el sector, la disminución del poder adquisitivo ha contribuido a la desaparición de los modelos de gama de entrada en toda Europa. Particularmente icónica es la desaparición de un modelo histórico como el Ford Fiesta, que se dejó de fabricar en 2023.

"Los clientes simplemente tienen menos dinero en sus bolsillos", constata en el reportaje de Bloomberg Kerstin Feix, directora de un concesionario familiar de la ciudad germana de Bochum. "Para muchos, un coche nuevo ya no es asequible", lamenta al tiempo que remarca que "el precio es lo más importante" y por eso su empresa ha visto un claro aumento en los últimos años en la venta de vehículos de ocasión. Incluso aunque algunos vehículos solo tienen un año de vida, la depreciación inicial ya se ha producido y pueden venderse por miles de euros menos.


... ni salario
Más allá de la subida de precios de bienes y servicios que otrora se consideraban garantizados para la clase media, lo cierto es que en países como España la radiografía salarial no acompaña. Si antes se hablaba de la 'defunción' del coche nuevo asequible, aquí cabe hablar del fin de la economía de los salarios. El repaso a las retribuciones de un mercado laboral en el que el empleo se concentra de forma extraordinaria en los escalones de ingresos bajos y medios-bajos, los que precisamente peor pueden afrontar la fuerte subida de precios de la vivienda y los automóviles, al mismo tiempo que no pueden optar a una educación o sanidad menos saturada o de mayor calidad.

Los datos de 2024 de la estadística de Mercado de Trabajo y Pensiones de la Agencia Tributaria contabilizan 20,64 millones de asalariados y un salario medio anual de 24.962 euros. Este salario que, probablemente, está incluido dentro de la clase media estadística comentada al comienzo del reportaje, hoy no es suficiente para acceder a una vivienda, tener un coche y una educación y sanidad de calidad, al menos si se atienden a los precios de las grandes ciudades. Pero es que detrás de esa media aparece una distribución muy desigual.

Cerca de 3,95 millones de trabajadores percibieron hasta medio SMI, con unos ingresos medios anuales de apenas 3.356 euros (una cifra condicionada por contratos a tiempo parcial o por haber trabajado solo una parte del año); otros 3,68 millones se situaron entre medio y un SMI, con 12.154 euros de media; 4,85 millones estuvieron entre uno y 1,5 SMI, con 19.609 euros; y otros 2,94 millones entre 1,5 y dos SMI, con un salario medio de 27.389 euros. En conjunto, 15,43 millones de personas, prácticamente tres de cada cuatro asalariados (74,8%), quedaron encuadrados en tramos de hasta dos veces el SMI, mientras que apenas unos 711.000 trabajadores, alrededor del 3,4% del total, superaron las cinco veces el salario mínimo.

Mientras que los salarios reales llevan atascados décadas en España (apenas han crecido un 2,7% en 20 años), hay servicios muy concretos (pero muy importantes) donde los salarios sí han ganado terreno a la inflación, incrementando su coste real para la mayoría de la población, ya sea a través del pago de más impuestos (a lo que hay que sumarle la partida que va a los pensionistas, que son la única clase media que va a quedar) o del propio pago del servicio privado. Una parte de la explicación de este fenómeno se puede atribuir a lo que se conoce como 'enfermedad de los costes de Baumol'.


La 'enfermedad' de Baumol
Esta idea o teoría desarrollada por el economista William Baumol parte de una paradoja sencilla, y es que hay actividades en las que la productividad puede multiplicarse gracias a la tecnología y otras en las que resulta mucho más difícil. Una fábrica de ordenadores o de teléfonos móviles puede producir hoy muchos más portátiles y teléfonos con los mismos trabajadores que hace 30 años, pero un profesor continúa necesitando aproximadamente una hora para impartir una hora de clase, un peluquero media hora para cortar el cabello a un hombre y un médico sigue necesitando tiempo para atender personalmente a un paciente. No hay aumentos de la productividad. Sin embargo, hospitales y colegios tienen que elevar los salarios para competir por trabajadores con el resto de la economía. El resultado es que los salarios y otros costes aumentan sin que la productividad pueda hacerlo al mismo ritmo, elevando persistentemente el coste por unidad de servicio. La OCDE identifica precisamente sanidad y educación entre los sectores "no progresivos" en los que funciona este mecanismo y señala que existe evidencia de su influencia sobre determinados componentes del gasto sanitario, especialmente los cuidados de larga duración, explican desde ING en un análisis reciente.

España, Europa y el resto de países desarrollados podrían ser especialmente vulnerables porque a este problema de oferta se suma una transformación demográfica que empuja la demanda justamente hacia esos servicios difíciles de automatizar. Una población envejecida necesita proporcionalmente más médicos, enfermeros, residencias y cuidadores, mientras que mantener determinados estándares educativos exige profesores y otro personal cualificado. La paradoja es que cuanto más productivo y rico se vuelve el resto de la economía, potencialmente más caros se vuelven estos servicios esenciales en términos relativos.

Para impedir que médicos, profesores o cuidadores abandonen sus profesiones, sus remuneraciones deben acompañar en alguna medida a las del resto del mercado laboral aunque su producción por hora no pueda aumentar equivalentemente. Investigaciones recientes encuentran evidencia de este patrón en Europa, especialmente en los precios de los sectores de baja productividad, mientras que un estudio sobre 23 países de la OCDE encuentra un efecto significativo de Baumol tanto en atención sanitaria aguda como, todavía con mayor intensidad, en cuidados de larga duración. El envejecimiento puede amplificar el problema durante las próximas décadas al desplazar una proporción creciente del gasto y del empleo hacia precisamente esas actividades.

Es cierto que en buena parte de Europa sanidad y educación están financiadas mediante impuestos y no se pagan directamente a precios de mercado. Sin embargo, esto se traduce o en unos mayores impuestos que deshilachan aún más los ajados bolsillos de la clase media o en unos servicios de peor calidad. Así, a vuelapluma, se podría decir que ambas hipótesis son ciertas. La enfermedad de Baumol no significa necesariamente que estos servicios tengan que quedar económicamente fuera de su alcance; significa que mantener la misma cantidad y calidad requiere dedicarles una proporción creciente de los recursos disponibles. Si el Estado no acompaña ese incremento de costes mediante impuestos, reasignación presupuestaria o ganancias de eficiencia, el ajuste puede manifestarse mediante listas de espera, menos profesionales por usuario, clases mayores o deterioro de la calidad. Y entonces las familias con recursos recurren a seguros médicos, consultas, residencias o educación privadas, mientras que para una familia de renta media pagar simultáneamente impuestos y estos servicios privados puede resultar cada vez más difícil.

Con todo, este reportaje, poco preciso y con muchas ideas que guardan una conexión relativamente fina, llega a la conclusión de que la clase media puede seguir siendo muy extensa (mayoritaria) en términos estadísticos en los países avanzados, pero la realidad muestra otra cosa muy distinta. De hecho, desde el think tank Brookings Institution realizaron a finales del año pasado un estudio mucho más preciso y académico que se centraba en EEUU y mostraba una conclusión similar. "Resulta chocante que en uno de los países más ricos del mundo (EEUU), un tercio de la clase media no gane lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas... El impacto de esta desconexión entre los ingresos de la clase media y el coste de vida tiene repercusiones en la capacidad de los estadounidenses para vivir y generar riqueza para su futuro y el de sus familias. Quienes no pueden cubrir sus necesidades básicas tienen más probabilidades de endeudarse y no pueden ahorrar ni invertir, lo que los hace más vulnerables a las crisis económicas". Todo ello se puede extrapolar con matices a España, Europa y el resto de países desarrollados. (elEconomista, 2026-08-21)
Volver